Diseño de Rogelio Salmona
Ubicado en el campus de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, el Edificio de Posgrados de la Facultad de Ciencias Humanas es una de las obras más representativas del legado del arquitecto Rogelio Salmona. Finalizado en 1998, este proyecto no solo responde a necesidades académicas, sino que también se erige como un manifiesto del pensamiento arquitectónico latinoamericano, donde el diálogo entre espacio, material y cultura es permanente.
Un edificio que se vive caminando
Para Salmona, la arquitectura debía ser un recorrido, una experiencia secuencial que invitara a la contemplación y al encuentro. En este edificio, los caminos se multiplican: rampas, escaleras y corredores exteriores que conectan los diferentes bloques generan una experiencia espacial dinámica, en la que el movimiento es tan importante como la quietud.
Nada es accidental. Cada muro curvo, cada terraza, cada abertura está pensada para estimular los sentidos y favorecer el uso social del espacio. Aquí, la arquitectura no impone un orden; lo sugiere, lo insinúa, y deja que el usuario lo descubra.
Ladrillo como lenguaje
Como en muchas de sus obras, Salmona eligió el ladrillo a la vista como material protagonista. Pero no se trata solo de una elección estética o constructiva, sino de un lenguaje profundamente arraigado en el contexto andino y precolombino. El ladrillo, trabajado con maestría, permite generar texturas, sombras y calidez. Cada pieza es parte de una composición más amplia, que articula patios, muros, celosías y pavimentos con una armonía casi musical.
La materialidad del edificio no busca ocultarse ni disfrazarse: se expresa con sinceridad, y a través de ella, el tiempo también se manifiesta, pues el ladrillo envejece con dignidad y narra su historia con cada lluvia, con cada sombra.
El vacío como protagonista
Uno de los elementos más poderosos de este edificio es su manejo del vacío. En lugar de llenar el espacio, Salmona lo enmarca, lo define. Los patios, las plazas interiores, las rampas abiertas… todos estos vacíos actúan como articuladores del conjunto, permitiendo que el edificio respire y se relacione con su entorno inmediato y con el paisaje lejano de la ciudad y las montañas.
El vacío aquí no es ausencia: es pausa, es contemplación, es espacio para el pensamiento y el diálogo, lo cual resulta profundamente coherente con la función académica del edificio.
Geometría, agua y luz
La obra de Salmona es también un juego geométrico. El edificio articula círculos, semicírculos, ángulos rectos y diagonales con una lógica interna compleja, pero profundamente intuitiva al ser recorrida. A esta geometría se suma el agua, que aunque más sutil que en otras obras del arquitecto, también está presente en espejos y canales que reflejan la luz y generan sonidos que enriquecen la atmósfera.
La luz natural, cuidadosamente controlada, baña muros y pasillos, cambia con las horas y revela nuevas capas de la arquitectura a medida que avanza el día.
Un edificio para pensar el espacio
Más que una estructura funcional, el Edificio de Posgrados es una invitación a pensar la relación entre arquitectura y pensamiento crítico. En un contexto universitario, donde la reflexión y la producción intelectual son el centro, este edificio actúa como catalizador: promueve la conversación, el encuentro casual, la pausa silenciosa entre lecturas.
No es un edificio que se domine a primera vista. Es una obra que se descubre caminando, que revela sus intenciones lentamente, y que guarda en sus curvas, materiales y patios una sabiduría arquitectónica profunda y generosa.
Conclusión
El Edificio de Posgrados de la Facultad de Ciencias Humanas es mucho más que un espacio académico: es una obra de arte habitable, una pieza clave del urbanismo del campus universitario y un legado arquitectónico que sigue educando, no solo a quienes estudian dentro de él, sino a todo aquel que se detenga a observar, recorrer y sentir lo que una buena arquitectura puede provocar.




